jueves, 31 de julio de 2014

Lugoenaeco, la Asamblea de Lug



Etimológicamente, “Lugoenaeco”, procede de los términos “Lug” y “Oenaeco”. El primero, es una clara referencia al dios pancéltico Lug, conocido con decenas de teónimos por todo el mundo celta, en especial Lug, Lugh y Lugus. El segundo, es un término (y epíteto deífico, concretamente del dios bélico Cosus) encontrado en la Península Ibérica, que se relaciona con el gaélico “oenach”, que es una asamblea o una reunión (en un sentido tanto popular como socio-político). Evidentemente, la pretensión es que el término se interprete como “Asamblea de Lug” o “Reunión de Lug”. Con este término, en la Tradición Céltica Hispana se conoce lo que muchos paganos y neopaganos de hoy en día conocen por Lughnasadh.

En la tradición irlandesa, Lughnasadh (y me permito tomar la infomación de la propia página de Facebook de la Hermandad Druida Dun Ailline, pues me fío mucho más de ésta que de la Wikipedia), hay diversos grupos que celebran “la muerte de Lugh”, pero tradicionalmente y en la mitología irlandesa, en Lughnasadh no se celebra la muerte de Lugh, sino que son los juegos funerarios que Lugh celebra por Tailte, su madre adoptiva.
Desde un punto de vista tanto tradicional como tribal, Lugoenaco es una fiesta devocional a Lug, un dios solar politécnico, conocido por sus múltiples habilidades, alcanzando la maestría en todas ellas. Si mal no recuerdo (y que me corrijan si me equivoco), la maestría en todas las artes y oficios a la vez, fue lo que aseguró su ingreso en la corte del rey Nuada según los mitos irlandeses, pues en la corte ya existían maestros en todas sus artes, pero ninguno que las dominase todas a la vez. Es un dios solar y brillante, y representa al héroe solar y un cierto sentido de la perfección. Un Dios que representa el carácter polifuncional a través de sus muchas habilidades, lo que probablemente lo haga la deidad más imprecisa en funciones que jamás ha tenido un panteón céltico, y en parte, podríamos decir que esa es su “función única”: la maestría, la pluralidad, la perfección más alta. Está relacionado con los cuervos, un animal sagrado, relacionado con la guerra, los presagios y el viaje o contacto con el Otro Mundo (en tanto al reino de los muertos, por su condición de “carroñero”, como a otras partes del Otro Mundo, como se relaciona a todas las aves sagradas en el mundo céltico). Mientras en la Galia se le representa tricéfalo, al parecer fue representado igual en una figura poco definida en un santuario dedicado a esta deidad en Peñalba de Villastar (Teruel).




Aparte de esto, los historiadores ejercen un paralelismo curioso en lo que podría ser parte de un ciclo mitológico de la Hispania céltica, ya que en los mitos irlandeses, Lugh posee una lanza mágica de plata, que siempre alcanzaba su objetivo, volvía a la mano de su portador y era flamígera, mientras que según una de las múltiples fuentes latinas, el caudillo Olíndico portaba una lanza de plata “caída del cielo” (lo que procede son varios pedazos de varias traducciones del texto original en latín):

También hubiera habido conflicto con todos los celtíberos si el jefe de esta rebelión, Olíndico, no hubiese sido sometido por la fuerza al inicio de la guerra, el cual, famoso por su astucia y audacia, si es que hubiese tenido éxito, blandiendo una lanza de plata que decía caída del cielo, había atraído hacía si la atención de todos, actuando como un profeta. Pero cuando, con semejante temeridad, se hubo dirigido de noche al campamento del cónsul, junto a la propia tienda fue alcanzado por el pilum de un guardián”
(Floro, Epit. 2,17,14).

Y es muy curioso porque hoy descubrí algo: Floro se refiere a Olíndico como “dux” (caudillo) y “summus vir” (“hombre máximo”), y sin entrar en las posibles connotaciones sacerdotales, legendarias o místicas que este término pueda tener, se relaciona con una inscripción que conocía, pero desconocía su emplazamiento: el santuario de Peñalba (antes mencionado) y que dicta: “uiros ueramos”, que se cree el equivalente nativo a “summus vir”, casualmente inscrito en un santuario para Lug… ¿casualidad o causalidad? Siguiendo la observación de un hombre muy sabio: “no es malo creer en la casualidad, pero es tonto no creer que una cadena de casualidades responde a una causalidad”. Ahí lo dejo.

Pero volviendo a Lugoenaeco y centrándonos en la festividad en sí misma, es una festividad para la recogida de la cosecha, donde de nuevo recogemos los frutos que plantamos al comenzar la Rueda (literales o metafóricos), antes de que el manto oscuro vuelva a caer sobre nosotros y se pierda la energía fertilizadora que hasta ahora ha irradiado por todas partes. Por eso, las tribus y los clanes se reúnen, recuentan, almacenan para el frío invierno y festejan la abundancia. Lugoenaeco es una festividad del trabajo, más que de la fertilidad, aunque ésta también la celebremos. Se da las gracias por dicha abundancia y se celebra bajo el rostro luminoso de Lug, el Poderoso, al que agradecemos su poder inspirador para el trabajo, el esfuerzo y la técnica que nos proporcionan esos frutos bajo su luz (en contraposición a la celebración de Baelisto, donde celebrábamos la fertilidad en estado puro, el resultado de unir la energía fértil de la tierra y la luz creadora de vida, además de ser una festividad de purificación mediante el fuego). También agradecemos a la bella Iskallis la abundancia que lleva proporcionándonos desde su despertar en el Equinoccio de Primavera, y que con su cornucopia (acabada en las fauces de una serpiente) derramase los últimos dones sobre la tierra antes de que la energía solar fertilizadora empiece a disiparse y la época oscura reine de nuevo tras el declive e inminente muerte cíclica de Baelisto.

Además, y esto va a título personal, sin que aparezca como algo colectivo en mi Tradición, creo que es una época genial para competiciones, tal como hicieran nuestros ancestros por toda la Europa celta, pues las competiciones, el deporte, incluso los juegos intelectuales o de estrategia (como el ajedrez), todo ello evoca las habilidades, artes y técnicas de Lug, y le honramos empujando nuestros propios límites en la competitividad, así como él ya es maestro en todo lo que hace.

Y aquí mi reflexión y pedacito de historia y tradición sobre este festival sagrado. Espero que sea de vuestro agrado y estoy abierto a dudas, sugerencias y correcciones.

Como curiosidad, os dejo una imagen moderna, un busto de Lug (cuyo aspecto físico sinceramente no comprendo) reinando en el Moncayo, concretamente en Litago (Zaragoza):


Me despido dejando un link a una canción de los artistas nacionales Keltika Hispanna, una canción titulada “Lvguves”, lo que probablemente sea un teónimo celtibérico para Lug, y que es una canción muy inspiradora.

1 comentario:

  1. Propicio Lugoenaeco! Y gracias por tan exdelente introido.

    Fernando González

    ResponderEliminar