sábado, 28 de febrero de 2015

Experiencia Cultural Válida


Tras haber recibido y leído un poco del trabajo "Letters from the Devil's Forest" del autor Robin Artisson, su visión del mundo, de la brujería, de la hechicería y de todo, me ha hecho preguntarme cosas, y he sentido cierta necesidad de expresar una opinión al respecto. Como no tengo imágenes que simbolicen esto, simplemente voy a decorarlo con bonitas imágenes de ceremonias, arte y otras, así, a lo random.

Para quién no conozca a Robin Artisson (yo tampoco lo conocía), es un autor que ha hecho varias obras sobre brujería tanto práctica como histórica, basándose sobre todo en la Brujería Tradicional (entendida como la brujería ajena a la Wicca como expresión espiritual del siglo XX y a la New Age), y no me he leído aún ninguna de sus obras pero si no me equivoco, la obra que más fama tiene en su autoría, es "The Witching Way to the Hollow Hill".


Lo primero que cabe decir es que Robin Artisson separa sustancialmente la brujería de cualquier culto. No como una separación antagónica, sino como una separación de base: la brujería puede ir acompañado de un corpus creyente o unas formas tradicionales, pero no considera que sea un requisito, y puede ser una forma de experiencia mágica transcendental. Este será el punto de vista que tomaré para explicar mi opinión.

Antes de continuar debo advertir que aún no he leído ninguna obra completa de Robin Artisson, me baso en los que leo en Facebook que publica, y la última obra, asumiendo que son sus pensamientos en la actualidad.

Dicho esto, cabe entrar en todo lo que Robin Artisson decía en su introducción de "Letters from the Devil's Forest", una obra que recopila artículos y trabajos centrados en el arte de pactar con espíritus. En esta introducción, el autor insistía e incidía mucho, abierta o sutilmente, en la experiencia, el conocimiento y la brujería de una forma transcultural, de una forma que no atiende a los parámetros de una cultura conocida y aboga por el conocimiento más allá de los límites culturales, al conocimiento de las entidades convocadas más allá de sus nombres y percepciones tradicionales. De hecho, él se refiere a su entidad guía o prioritaria, simplemente como "The Master" (El Maestro).


Esta visión es perfectamente válida, y los Dioses me libren de querer obligar a alguien cuya sabiduría y estética me parecen correctas, a ponerle nombre a sus aliados en el Otro Mundo, pero entonces, ante la insistencia, yo me pregunto: ¿por qué?


Para ilustrar este pensamiento, os explicaré como conocí a Robin Artisson. Fue cuando Robin Artisson, ante el estreno del episodio piloto de Salem, una serie de ficción y drama sobrenatural que si no habeis visto deberíais de ver (está muy chula), Robin Artisson ofreció un análisis de los elementos de brujería aparecidos en ese piloto. Y ahí explicaba como para Tituba, la bruja de origen nativo caribeño, el espíritu con el que su aquelarre ha hecho un pacto es presentado como una "canaima", un espíritu propio del folclore del Caribe, un portador de muerte del mundo salvaje, mientras que en la iniciación de Mary, ve a un ser negro y cornado, y Robin ofrece su visión de como el espíritu es realmente el mismo, un ser oscuro y cornado de los bosques y explica que ese espíritu (que para mi era "El Diablo" y fin), es el que ha dado lugar a las experiencias culturales del sátiro, de krampus, etc., etc. Una visión muy válida como no, pero ahora nos metemos en el meollo.


Lo que voy a decir ahora, es muy posible que me busque el desprecio de mucha gente, y puede que sea caneado por mi Arestala, pero esa visión, es una que a ratos muy largos también tengo. Y lo sé, lo sé, sé que no es una visión del todo politeísta (bueno, en realidad sí, pues hablo de espíritus locales y no de Dioses), sé que no es lo que profesa el reconstruccionismo, sé que no es la filosofía que se tiene en Céltica Hispana y todo eso lo sé, pero no puedo evitar mis pensamientos. Y mis pensamientos se generan ante una realidad (o dos) que veo, y es la de que hay tantas creencias en el mundo, y las considero a todas tan ciertas en su núcleo, que no hay sitio para todas existan al 100% sin que genere contradicciones entre ellas, por lo que genero dos pensamientos: o las partes contradictorias son totalmente mentira, o las partes contradictorias son exclusivamente interpretaciones culturales y/o personales. Algo "falla" en considerar absolutamente todo diferente (lo que no significa que no considere que casi todo, lo es).


Y entonces me pregunto eso, ¿por qué esa finalidad de que el conocimiento supere el filtro cultural (que no implica que ese conocimiento esté exento de florituras)? La experiencia cultural, es tan válida como cualquiera, y no deja de ser conocimiento. La experiencia cultural, puede ser una necesidad para algunos, o una experiencia más intensa que el conocimiento entregado en bruto tal y como se supone que es. La alquimia puede resultar más fácil de aprender que la química para la mente artística, y ambos alcanzarán el mismo objetivo al final.

Pienso que si a Robin Artisson le funciona eso, la trascendencia, la ambigüedad nominal, para él está perfecto. Le aplaudo. Le agradezco que nos transmita sus experiencias y la sabiduría que ello implica, pero la sabiduría, al igual que se dice de "las búsquedas de la visión" chamánicas que tan de moda estuvieron, no vienen con el mismo aspecto para todas las personas, a veces porque son totalmente distintas, a veces porque la misma cosa necesita tomar diferentes aspectos para que el individuo, condicionado culturalmente (y en conocimientos empíricos, también), pueda comprenderlo.


Por otro lado, ¿qué ocurre con la experiencia cultural? Incluso suponiendo que Artisson tiene razón, incluso si suponemos que algo subyace de forma transcultural en el Otro Mundo (o "The Great Below", como él lo llama), ¿qué diferencia tiene que yo llame a un ser cornado de los bosques "imp-spirit" que no "sátiro" o que no, como yo prefiero o preferiría, "busgosu", como implica mi contexto cultural asturiano? Basta de decir que las culturas son límites, y empecemos a decir que las culturas son maneras, porque realmente lo son. Desde luego confío más en la sabiduría de un chamán que sigue al 100% la cultura de su tribu nativo americana, que la de alguien que pretende ser un iluminado transcultural (y esto no va por Robin Artisson, lo digo por aquellos que sí lo pretenden, las Aramises y los Sandro Reyes del mundo).


Y por otro lado pienso también en el valor que tienen para mí los ancestros. De nuevo, pongámonos en la piel de Robin Artisson. Pongámonos en la piel de alguien que cree que hay una Realidad que subyace a toda la estética cultural que viven (vivimos) aquellos que reflejamos nuestras creencias en tradiciones culturales. ¿Por qué no buscar la experiencia cultural? Y me explico. Aunque supiésemos que no es real, ¿por qué no íbamos a querer nosotros vivir la experiencia cultural de nuestros ancestros, si el culto a nuestros ancestros es parte de nuestra experiencia tanto religiosa como esotérica? Eso convertiría la experiencia cultural en un factor de sabiduría, el conocimiento de experimentar lo que nuestros ancestros experimentaban sería un acto de conocimiento, no de limitación, por lo que de nuevo debo preguntar: ¿por qué? O incluso mejor: ¿por qué no?


La experiencia cultural es algo ampliamente buscado, buscado por los ojos que buscan la belleza. Buscado por la psique, que busca el exotismo y también la pertenencia. Y en consecuencia, es lógico pensar que, al menos en una parte de la población, buscado por el alma, que busca la comunión. La gente se va hasta al India para recibir un matrimonio hindú. Algunos lo hacen por lo bonito que dicen que es el rito. Otros lo hacen porque consideran que tiene algún tipo de raíz espiritual mucho más profunda que un juramento en un juzgado, y todo parece aceptable. ¿Por qué no aceptar la experiencia cultural espiritual o mística? ¿Por qué, recurriendo al ejemplo anterior, hay que asumir que es mejor o peor recibir sabiduría del busgosu, que recibirla del krampus, del sátiro o del "imp-spirit" que Artisson considera más neutral? Y eso solo hablando de espíritus del lugar, ni mencionar a los Dioses.

En conclusión a lo expuesto antes, la experiencia cultural es tan válida y rica como la experiencia transcultural, o puede que más en ciertas ocasiones o en ciertos objetivos (o en ciertas personas). En el mejor de los casos, nos estamos refiriendo a conceptos diferentes atendiendo a sus diferencias (que sería lo correcto). En el peor de los casos, experimentamos el culto a los ancestros en nuestra vida mística y religiosa, y la cultura y las tradiciones, no se conviertenen en límites ni castraciones espirituales como Robin Artisson afirma, sino en un código por el que nuestros ancestros y esos ancestrales espíritus (aculturales, según Artisson) nos perciben a nosotros, y a nuestro interés cultural, y la necesidad de canalizar a nuestros ancestros en nuestra práctica y nuestra sabiduría adquirida.


Teniendo todo eso en cuenta, lo que me pregunto es: ¿qué más da si la experiencia cultural es real o no? Lo que importa es si te beneficia, lo que importa es si es útil para tu propósito, lo que importa es si te es válida para continuar creciendo.

Y hasta aquí lo que pienso. Y que no se piense que no me gusta Robin Artisson, más bien al contrario: puede ser tranquilamente uno de los pocos escritores de brujería cuya estética y conocimientos me estén entrando por los ojos, pero eso no significa que tenga que estar de acuerdo con todo lo que afirma.

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